Carlos despertó cansado. El día anterior se fue de fiesta, tomó 5 cervezas, llegó en la madrugada y se tuvo que despertar temprano para ir a trabajar.
Abrió su teléfono celular. Vio que la chica con la que acostumbraba salir hace solo unos meses, ahora publica fotos con un nuevo chico. Se le hizo un nudo en el estómago, puteó a su teléfono y a la red social y tragó grueso. Su día no empezó bien.
Más tarde, en un pequeño descanso de su jornada laboral, abrió de nuevo el celular. Se animó a hablarle a Sasha, una chica que conoció hace poco. Le envió un mensaje instantáneo. Saludó, hizo un par de comentarios y finalizó con una pregunta para asegurarse que la chica tuviera algo que responderle. Minutos después, se percata que la otra persona ha leído el mensaje. No hay respuesta.
Carlos trata de ignorar que fue ignorado y sigue con su trabajo.
Pasan las horas.
Abre su correo. Una pequeña reprimenda de sus jefes por no actualizar su reporte de horas desde la semana pasada.
¿Qué más da? El día no ha ido bien, pero al menos tiene almuerzo para calentar y calmar su hambre.
Enciende el televisor del comedor mientras almuerza: políticos corruptos, tiroteos, robos, injusticias. Lo usual en el noticiero del mediodía.
"Estamos jodidos", piensa Carlos mientras recuerda que a él nunca lo han asaltado y que su empresa nunca se ha atrasado con su paga mensual.
"Supongo que he tenido suerte".
Apaga el televisor y continúa trabajando.
Las horas pasan.
Su amiga, con quien comparte uno que otro secreto amoroso, le dice que tiene algo que contarle. Carlos ve la pantalla de su celular mientras su corazón late fuertemente esperando la información de su amiga.
"- ¿Te acordás de Ana, aquella que me contaste que habías agregado como amiga a la red social?
- Claro que lo recuerdo. Le hablé hace unas semanas pero nunca me contestó.
- Ah, es que dice mi amiga lesbiana del trabajo que ella tiene una amiga que es lesbiana también, y que conocen a Ana.
- Uuuuum. ¿Y qué con eso?.
- Que ellas creen que Ana es lesbiana también."
Carlos ve frustrado su intento de conquista con Ana. Será olvidarse del asunto.
"Supongo que Ana nunca fue la indicada para mí".
El día laboral parece interminable, pero después de generar 20 reportes, es libre de volver a casa.
Carlos camina hacia el parqueo para subirse en su vehículo y conducir hasta su hogar. Un fuerte aguacero lo recibe en su caminata. Carlos no se inmuta y le gusta sentir las gotas de lluvia.
"Al menos así sé que aún estoy vivo", piensa mientras esquiva los charcos del parqueo en un intento por no mojar sus zapatos.
Emprende su regreso a casa. El embotellamiento de las cinco de la tarde hace que Carlos pierda una hora de su vida sentado en el automóvil viendo luces rojas y blancas al frente suyo.
Cambia la estación de radio y se encuentra con una de sus canciones favoritas de los años noventas.
"Gracias 99.9FM por estos cuatro minutos con mi canción favorita".
Carlos llega a su casa.
No enciende la televisión.
Revisa los mensajes de su celular. No hay mensajes nuevos. Al menos ahora tiene una tregua con ese aparato que tantos tragos amargos le ha hecho pasar el día de hoy.
Calienta su cena en el horno de microondas mientras reflexiona sobre aquellos que no tienen qué comer:
"Bueno, en dos minutos tendré lista mi cena caliente". No sabe si sentirse bien o sentirse mal por aquellos que no tienen qué comer. Él sabe que no es su culpa, pero también sabe que el no hacer nada también es su culpa.
La cena se termina mientras termina de revisar sus correos personales. El príncipe de Nigeria quiere donarle una parte de su fortuna. Carlos se decepciona al saber que ese fue el correo más interesante leyó en esa noche.
Llega la hora de ir a la cama. El día estuvo duro y cansado. Hace calor y es difícil conciliar el sueño.
"Al menos tengo un techo y una cama para dormir, ¿no?".
Se asegura que su celular haya quedado en modo Silencio. Cierra los ojos y se esfuerza por conciliar el sueño. La reflexión acerca de aquellos que no tienen dónde dormir quedará para después.
Mañana será otro día.
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