Carlos era una persona tranquila. De la casa al trabajo. Del trabajo a la casa. No molestaba a nadie y no le gustaba que lo molestaran.
Un día, Carlos sintió un vació en su vida. Como si tuviera hambre, pero no de comer. Hambre de algo más. Quería sentirse vivo, quería romper las reglas, quería hacer algo distinto con su vida.
Esa noche, mientras reflexionaba, volvió a ver el torrente de agua que salía del grifo de su baño mientras se lavaba los dientes.
Dijo para sí mismo: "sabés qué, voy a dejar el grifo abierto. A la mierda las reglas y el ahorro de agua".
Esa misma noche, Carlos no pudo dormir. Pasó pensando en cuánta agua pudo desperdiciar y se sintió pésimo.
Carlos no estaba hecho para romper las reglas.Francisco cumplió 35 años. Lo celebró con su familia. Sopló las velas del pastel y se fue a dormir. Esa noche sintió que estaba un poco perdido con su vida y le tenía miedo al futuro. Al día siguiente adquirió un seguro de vida, se inscribió en un régimen de pensión complementaria y entregó su vida a Jesucristo. Ya Francisco no tiene tanto miedo y piensa que después de hoy, ha asegurado su futuro.
Cristina había estado un poco deprimida. Sentía que no era feliz y que le faltaba rumbo a su vida. Una noche, pasó a saludar a sus padres. Encontró a su abuelo sentado en una silla en el patio. Como era usual, saludó al abuelo y siguió su camino. Por alguna razón, decidió detenerse un momento y preguntarle al abuelo cómo estaba. Su abuelo le contó que se sentía triste por que hace poco había perdido a su esposa, y comenzó a hablarle de varios temas de los cuales Cristina no entendía mucho, pero ella se quedó ahí, durante varios minutos escuchando al abuelo. Al final de la noche, Cristina se dio cuenta que se sentía un poco más feliz, ya que el abuelo lo único que ocupaba era alguien que lo escuchara, y ella, sin motivo aparente, había estado ahí para escucharlo. Todos los libros y artículos que había estado leyendo de cómo encontrar la felicidad no habían servido para un carajo. Los pequeños momentos de felicidad llegan solos, sin que uno los busque.

No hay comentarios:
Publicar un comentario