jueves, 13 de octubre de 2022

La primera vez de Manolo


Viernes en la noche.

Manolo es un estudiante promedio y un tanto inocente, que cursa el primer año de la Universidad. Carlos, uno de los mejores amigos de Manolo, lo llama para confirmar su salida al bar de siempre.

"Hey Manolo, paso por vos a las nueve en punto. Acordate que va Karina, y que va a llevar a las amigas".

Manolo no se inmuta por la idea de encontrarse con Karina, quien es la novia de Carlos, y sus desconocidas amigas. Sin embargo, se baña, se pone su ropa favorita, se rocía con colonia e incluso saca de un viejo cajón sus medias de las suerte, listas para acompañarlo en su noche.

Carlos llega puntual por Manolo y se enrumban con destino al lugar acordado.
Minutos más tarde, aparece Karina con sus amigas. Se hacen las presentaciones de rigor entre el grupo de amigos y la noche continúa sin sobresaltos.
Manolo, Carlos y sus amigos hablan de temas de suma importancia: fútbol, mujeres, videojuegos, más fútbol, más mujeres, más videojuegos.
Minutos después, Manolo emprende su camino a la barra del bar. Pide su cerveza favorita, da media vuelta y se dispone a hacer la retirada. Al dar el primer paso, se percata que tiene enfrente suyo a una de las amigas de Karina. Manolo, sin saber qué hacer, queda petrificado ante la mujer que le mira fijamente a los ojos:

"Hola. Soy Deborah, amiga de Karina y Carlos".
"Hola, soy Ma-ma-ma-ma… nuel, pero mis amigos me dicen Manolo".
"Mucho gusto Manolo".

Manolo se queda atónito ante la situación. En su mente aún no comprende cómo una mujer tan hermosa y sensual como Deborah le esté hablando a él.

"¿Viste a quién nombraron como el entrenador de la selección brasileña?. No me gusta el entrenador, pero ojalá pueda hacer un buen trabajo." exclama Deborah con total propiedad y conocimiento en la materia.

La cara de Manolo es de asombro. Sin embargo, trata de seguirle la pista a Deborah y la conversación continúa sin mucho sobresalto, solamente pausada por el ocasional tartamudeo nervioso de Manolo, quien aún no cree cómo puede estar hablando con una mujer de tan distinguidas características y conocimientos futbolísticos.

Después de varias cervezas y vueltas del reloj en el bar, es horar de retirarse.
Carlos, quien había llevado su automóvil, ofrece llevar a Karina y a sus amigas. Manolo, recordando las enseñanzas de sus amigos, acata abrir la puerta del auto para Deborah, y procede sentarse a su lado en el asiento trasero.

Faltando tres cuadras para llegar a la casa de Deborah, una voz sensual susurra al oído de Manolo:
"Manolo, si querés podemos ir a mi casa y tomar un par de cervezas. ¿Vamos?".

El corazón de Manolo se acelera, mientras su cerebro se detiene. La parte pensante del cerebro de Manolo queda sin respuesta. La toma de decisiones y resolución de conflictos es ahora comandada por un nuevo órgano.

"Está bien, vamos" murmura Manolo con una voz tímida e insegura.

Al llegar a la puerta de la casa de Deborah, se giran las instrucciones correspondientes:
"Manolo, esperame acá y ya casi vengo por vos".
"Está bien, te espero".

El tiempo transcurre lentamente. Manolo repasa en su mente las posibilidades que tiene para esa noche.
Si llegara a consumarse algún tipo de acercamiento físico con Deborah, Manolo emplearía los conocimientos adquiridos después de varias horas de repaso de películas instructivas para adultos.
"Creo que primero comenzaría por esto. Después seguiría con esto, y terminaría con aquello" reza el plan a seguir.

Después de varios minutos de espera en la acera, la puerta de la casa de Deborah se abre. Para sorpresa de Manolo, es recibido por un hombre un tanto obeso, con bigote, pijamas de botones y pantuflas.

"Buenas joven. ¿En qué le puedo servir?"

Manolo duda acerca de qué responder y reacciona un tanto inseguro.

"Eeeeh, bueno, yo nada más estaba acompañando a Deborah para que llegara bien a su casa".
"Ah, entiendo. Muchas gracias entonces".

Manolo aún no sabe qué hacer. Después de varios segundos de reflexión, entiende que esa noche no será su noche de suerte. Ahora solamente queda dar media vuelta y emprender el camino a casa dejando una estela de resignación a su paso.

"Joven" interrumpe nuestro amigo del bigote, con un pequeño aire de burla y picardía.
"¿Sí señor?".
"Tenga mucho cuidado. Por acá es peligroso. Hace poco asaltaron a un muchacho, así como usted".

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